En su trabajo fotográfico titulado Alter Ego, el artista Robbie Cooper se propuso analizar cómo las personas proyectaban su identidad en el mundo virtual a través de avatares.
"En el 2003 -declaró Cooper- estaba fotografiando al director principal de una compañía y él me dijo que usaba los juegos del “Mundo Virtual” para interactuar con sus hijos, es que estaba divorciado y tenía un restringido acceso a ellos, entonces mediante el juego Everguest el podía encontrarse con ellos cada noche donde jugaban y chateaban. Yo le pregunte sobre qué chateaban, y él me respondió: sobre cosas de trabajo, de la escuela, de su madre, las cosas normales como si estuviéramos en la realidad... Pasé los siguientes tres años, viajando a países como Corea, China, Francia y Alemania fotografiando personas que usan los juegos virtuales, comparando las apariencias de la persona en el mundo real con sus avatares virtuales online, el trabajo resultante fue un libro de fotografías que publique en el 2007 denominado Alter Ego". [1]




En Immersion, su segundo proyecto, era obvio que el interés de Cooper por el mundo virtual persistía, pero ahora el universo de los videojuegos sería el tema central de su trabajo. A través de este proyecto Cooper grabó las reacciones en los rostros de niños y jóvenes que se encontraban jugando algún videogame, por lo general con altas dosis de violencia. El resultado es muy interesante:
Este año Cooper presenta el proyecto Immersion: Porn. En él, el artista se propuso estudiar la relación de hombres y mujeres con la pornografía. Gente común y corriente nos platican de sus experiencias, sobre todo cómo fue que se acercaron a la pornografía y cómo la entienden y asumen ahora.
El producto de este proyecto es un video en el que los participantes hablan abiertamente sobre ese tema y de pasada aprovechan la oportunidad para masturbarse frente a nuestros ojos, con un entusiasmo digno de mejores propósitos. Bajo su propio riesgo, observen las siguientes imágenes y, si les quedan ganas, también vean el video.





Y tú, mi estimado, fino y chaquetero lector, ¿qué cara pones cuándo el espíritu de Onán te invade?
Platícanos, no seas ranchero...