6 de junio de 2013

Lo que se informa, lo que se oculta

Según Michel Foucault "cada sociedad tiene su régimen de verdad, su 'política general' de la verdad: es decir, los tipos de discurso que acoge y hace funcionar como verdaderos o falsos; las técnicas y los procedimientos que están valorados para la obtención de la verdad; el estatuto de quienes están a cargo de decir lo que funciona como verdadero". De acuerdo con lo anterior, el mayor dilema para los periodistas, las empresas en las que trabajan y las fuentes que nutren de “noticias” a los medios, gira en torno a qué es conveniente informar y qué se debe ocultar. Este hecho no es malo ni bueno: simplemente, es. Sin embargo, cuando en una sociedad predomina la opacidad y no la transparencia, cuando el ocultamiento se ejerce desde una posición de poder para beneficio de quienes lo detentan, entonces estaremos hablando de autoritarismo. Ahora bien, el ocultamiento se convierte en corrupción cuando son los medios quienes lo fomentan y practican, porque al hacerlo benefician a sus propietarios. Es en esos casos, cuando el ocultamiento alcanza el rango de mentira. Según el periodista gringo Bill Kovach, lo más significativo de una sociedad democrática es que “a través de un proceso de ventilación pública de ideas, opiniones y deberes, se libera la energía y la sabiduría intelectuales de la gente… Si no hay una fuente de información creíble, el compromiso social es manejado por el rumor, el miedo y el cinismo. Y como todos sabemos, los cínicos no construyen sociedades libres y abiertas”, concluye Kovach.

13 de mayo de 2013

25 de septiembre de 2010

15 de septiembre de 2010

Tónico Nervioxil: una maravilla

¿Te sientes atarantado? ¿Te hormiguean los brazos y las piernas? ¿Te encabronas por cualquier cosa? ¿Eres olvidadizo o desmemoriado? ¿Sientes que el cerebro te pesa? ¿Te está chingando el diabetis? No te me apendejez, toma tónico Nervioxil...

Hace como dos semanas iba caminando por la calle Daniel Larios, muy cerca del jardín de San Francisco, cuando de pronto llegó a mis oídos la voz de un hombre que informaba a los vecinos y a los transeúntes lo siguiente:

Tónico Nervioxil, un regalo de la naturaleza.
(Además sabe bien bueno)

14 de septiembre de 2010

Viviendo en un capitalismo de cuates

La especialista en temas políticos y académica del ITAM, Denise Dresser, intervino ante legisladores, empresarios y organizadores del foro México ante la crisis: ¿Qué hacer para crecer?, que se desarrolló en el Senado, con un discurso que sorprendió y muy seguramente laceró la conciencia de más de alguno, al exponer directamente, sin eufemismos, ideas como las siguientes:
1. "¿Quién gobierna en México? ¿El Senado o Ricardo Salinas Pliego, cuando (éste) logra controlar los vericuetos del proceso legislativo, como lo hizo en el tema de los corresponsales bancarios?".
2. "¿Quién gobierna en México, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes o UNEFON, la Comisión Nacional Bancaria o los bancos que se rehúsan a cumplir con las obligaciones de transparencia que la ley les exige?".
3. "¿Quién gobierna en México, la Secretaría de Educación Pública o Elba Esther Gordillo, la Comisión Federal de Competencia o Carlos Slim, Pemex o Carlos Romero Deschamps, ustedes o una serie de intereses que no logran contener?"
4."Hoy, México es un ejemplo clásico de lo que el Premio Nobel de Economía Joseph E. Stiflitz llama ‘una mala encarnación del capitalismo': el capitalismo de cuates; el capitalismo de cómplices; el que no se basa en la competencia o en la innovación, sino en la obstaculización".
¿QUIHUBO?, ¿ASÍ O MÁS CABRONA?

9 de septiembre de 2010

Vulgar, corriente, guarro, naco, prosaico...

Funny Pictures

Nomás que tenga un poco de tiempo voy a responder por aquí a una pregunta que varios amigos me han planteado. Dicho cuestionamiento tiene qué ver con ciertos comentarios que ha venido haciendo sobre mi persona (incluso de manera anónima) un comunicólogo egresado de la Ibero. Debo decir que, en primera instancia, sus palabras me molestaban un poco, pero trataba de tomarlas de quién venían, es decir, de un loquito. Después, sin embargo, empezó a inquietame la obsesiva y enfermiza recurrencia con la que yo aparecía en las pláticas que este orate ha tenido -y tiene- con amigos y conocidos. Pero lo verdaderamente perturbador son la serie de comentarios anónimos que -sin venir al caso- este alienado sujeto redacta en la página web de un periódico local. ¿Que cómo sé que esos comentarios los hace el loquito de marras? Pues porque está tan chiflado que los insultos y descalifaciones que publica en Internet son exactamente los mismos que utiliza cuando se pone a hablar mal de mí. Pero todo tiene un límite y este boquiflojo ya me colmó la paciencia. Así que por aquí nos estaremos viendo. En tanto me desocupo y retomo el tema, aprovechó la ocasión para decirle a nuestro alienado personaje lo siguiente:
- Carlos Ramiro, muchacho, ¡chinga tu madre!

5 de septiembre de 2010

4 de septiembre de 2010

¿Es usted un intelectual?

Según Gabriel Zaid usted NO es un intelectual si cumple con alguna de las siguientes características:
a) No interviene en la vida pública.
b) Sí interviene pero lo hace como especialista.
c) Sus opiniones suelen adoptar la perspectiva de un interés particular.
d) Sus opiniones las hace por cuenta de terceros.
e) Sus opinione están sujetas a una verdad oficial (política, administrativa, académica, religiosa).
f) Sus opiniones son escuchadas gracias a su autoridad religiosa o por su capacidad de imponerse (por vía armada, política, administrativa, económica).
g) Usted es taxista, peluquero, carnicero o vive de cualquier otro oficio donde hace lo mismo que los intelectuales, pero sin tener el respeto de las elites.
h) Usted, al igual que los miembros de las elites, quiere ser visto como intelectual, pero no consigue que le presten el micrófono y -cuando lo consigue- lo que dice no le interesa a nadie.

30 de julio de 2010

El Beso

Hay besos que pronuncian por sí solos/la sentencia de amor condenatoria,/hay besos que se dan con la mirada/hay besos que se dan con la memoria./ Hay besos silenciosos, besos nobles/hay besos enigmáticos, sinceros/hay besos que se dan sólo las almas/hay besos por prohibidos, verdaderos./ Hay besos que calcinan y que hieren,/hay besos que arrebatan los sentidos,/hay besos misteriosos que han dejado/mil sueños errantes y perdidos./ Hay besos problemáticos que encierran/una clave que nadie ha descifrado,/hay besos que engendran la tragedia/cuantas rosas en broche han deshojado./ Hay besos perfumados, besos tibios/que palpitan en íntimos anhelos,/hay besos que en los labios dejan huellas/como un campo de sol entre dos hielos./ Hay besos que parecen azucenas/por sublimes, ingenuos y por puros,/hay besos traicioneros y cobardes,/hay besos maldecidos y perjuros./ Hay besos que producen desvaríos/de amorosa pasión ardiente y loca,/tú los conoces bien son besos míos/inventados por mí, para tu boca. (Fragmento del poema Besos de Gabriela Mistral)

29 de julio de 2010

Mundo virtual

Antonhy Giddens nos informa que aunque nos resulte difícil de imaginar, todavía a finales de la pasada década de los ochenta la palabra globalización era desconocida en el lenguaje cotidiano y apenas era utilizada en algunos espacios académicos. Hoy, sin embargo, "ha pasado de ningún lugar a estar en casi todas partes", afirma el inglés en su libro Un mundo desbocado (Ed. Taurus, 2003). Actualmente, más de mil millones de dólares se manejan al día en los mercados mundiales. Se trata de dinero virtual circulando en una economía electrónica, donde cientos de miles de individuos transfieren enormes cantidades de capital de uno a otro lado del mundo con sólo oprimir el botón de un mouse. No obstante -dice Giddens-, la globalización también es política, tecnológica y cultural, y "se presenta como una serie de complejos procesos que a veces operan de manera contradictoria o antitética", que afectan al individuo en sus aspectos más íntimos y personales.

Conurbación virtual. Por su parte, el sociólogo Gilberto Giménez nos pide tener precauciones al manejar la idea de la globalización como si ese dichoso nuevo orden mundial, "cuya naturaleza es preponderantemente económica y tecnológica", fuera un sistema autorregulado que se va imponiendo y frente a él no tenemos alternativa. Interconexiones, redes y fujos son tres conceptos que resultan claves para entender la globalización, porque los tres implican un proceso de desterritorialización, en el sentido de que las relaciones sociales ya no pueden ser ubicadas en lugares, distancias y fronteras territoriales, gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación. A esto habría que sumarle la presencia de ciudades mundiales, que integran una "conurbación virtual" donde se instalan las grandes corporaciones especializadas (bancos, bufetes de abogados, negocios de publicidad, compañías de seguros) y a la vez son sede de poderosas industrias culturales. Las distancias son suprimidas o dramáticamente reducidas, el tiempo se comprime y los ritmos de vida se aceleran, modificando "la topología de la comunicación humana".

Autopista virtual.Cuando se afirma que las tecnologías de la información forman parte integral de "toda actividad humana y, por ende, de la vida cotidiana", Giménez se pregunta ¿pero de la vida cotidiana de quiénes? La globalización es un proceso desigual, "el acceso a las computadoras y al ciberespacio está condicionado cultural, racial y demográficamente, e incluso en términos de clase y género". Como se puede inferir de los siguientes datos: el 84 por ciento de los usuarios de computadoras están en Norteamérica y Europa; 69 por ciento son varones, con un promedio de ingresos familiares de 59 mil dólares; 80 por ciento de la población mundial no tiene acceso a las telecomunicaciones; hay más líneas telefónicas en Manhattan que en toda África sub-sahariana; sólo el 40 por ciento de la población tiene acceso a la electricidad. De esta manera, la autopista de la información no es sino una calle privada, cuyo uso es sumamente restringido. Giménez concluye que pese al triunfalismo globalizador, muchas sociedades seguirán viviendo en un mundo lento, mirando "a través de mediaciones comunitarias, geopolíticas y económicas definidas a escala restringida, pero no global; es decir, seguiremos mirando al mundo a través del prisma de sus estados, sus religiones, de sus diferentes culturas y sus mercados locales".

28 de julio de 2010

Letras, Llama y Personaje importante

Para los que no lo saben: en Colima, se les dice cuicos a los policías
En el mercado de artesanías de Morelia, Mich.
Ofertón
Aviso de Ocasión
Llama Punk
En esta imagen se puede observar cómo escucho con atención lo que dicen los demás. También nótese, por favor, la austeridad del mobiliario que me rodea.

30 de abril de 2010

Sin nada qué postear

Playa del Club Santiago, Manzanillo

29 de abril de 2010

Lo que leí

Ese día estábamos tirando barrio cuando se apareció El Jito. El Negro luego luego le aventó el sable:
-Qué onda wey saca para unas kiwas ¿no?. -Simón ése, yo también pongo unas. ¿Qué pedo? -le dije tratando de animarlo- Y soltó, el vato. Así que fuimos a comprar material embotellado. Al ratillo, El Negro que me grita cerquita del oído:
-Ira homes, clachate, esa jaina que viene ái'. Wacha, cabrón, tiene bien de aquellas la nalguita. Tírale el sable a la sorda, wey.
Y que me lanzo:
-¿Qué onda, ái te llevo con esa madre, m'ija?- le dije.
-¡Viejo majadero!-, fue lo que alcanzó a responderme la ruca.
-Chale, este wey nomás quemando el terre-, le comentó El Jito al Negro, quien estaba en el suelo revolcándose de la risa.
Al rato fue llegando más raza. Mientras hacían tranza a lo pendejo, llegó un vato con un celular. Quería 300 pesos por él. Se lo talonearon de volada.
Más al ratillo que le cae el Juan, montado en su baika con rines cromados. La carrilla no se hizo esperar:
-¡Tira esa madre a la verga, wey!
-¿Qué onda, saca un daime ¿no?
-El vato todavía ni se aliviana de lo de ayer y dizque quiere desayunarse un churrito. Es retempra wey, no mames.
-Usted saque la chora y cállese, ése.
-!Aguas, la 109!.
-Chale puto, tranquilo con eso. Me escamé bien gacho.
-¿Sabían que anoche se tiró un tiro cabrón el Nacho?.
-¿Oh sí?.
-Sí wey, entramos de gorra a un antro y ahí un güey que se nos pone bien acá. Pinche Nacho andaba bien arriba, de pronto empezó a lanzar botellas y que se arma la putazera. N'ombre, en el desmadre me jambé un chingo de carteras, wey.
-Ah, puto, andas cuajado. Móchese ¿no?.
-¡Hey wey!, pero qué onda con el Nacho. ¿La libró?.
-No pos le pusieron una catiza acá ligerona, lo bueno es que alcanzamos a abrirnos antes de que llegará el placón. Horas después, estábamos acá, tranquilos, cuando cayó el Aguayo, pinche jura culero, y que me truenan al Juanillo. Se lo llevaron de ahí a punta de riatazos. El pedo es que, según decían, se chingó un bolsón de una ruca de feria. Le dieron una calentiza bien machín y no tuvo más que echarse la bronca. Pero la neta, el Juanillo no tuvo nada qué ver, fue el Nacho quien se chingó el bolsón, compa. Y pos ahora ái está en la Grande… Pero, pos ya qué.
-Simón, ya qué.
-Simón. Pero saque pa’ otras kiwas, mi Jito. ¿O se me agüita?”

Escrito por: Julio El Sueco

28 de abril de 2010

De la amistad generosa al autoelogio

En un post anterior me referí, de manera escueta, a la única exposición fotográfica en la que he participado. En ese momento olvidé mencionar que en la inauguración, Víctor Manuel Cárdenas, a la postre Director de Cultura y Fomento Educativo del Ayuntamiento de Colima, y a manera de presentación, le dio lectura a un texto que me hizo favor de escribir un estimado y querido amigo, el fotógrafo Sergio Velasco. Por sugerencia del propio Tapiro (que es el verdadero nombre de Sergio Velasco), transcribo a continuación las generosoas palabras que éste me dedicó:

CONFESIONES ÍNTIMAS DE UN FOTÓGRAFO ARDIDO Y AUSENTE

Los que conocemos a Gregorio Iván Preciado podemos decir con total autoridad que Goyo es en realidad un tipo raro: es fanático de las Chivas pero usa lentes de intelectual, es un chaparrito rockero y punketo pero bigotón, quiere ser grafitero pero no sabe usar un aerosol, le gusta la fotografía y nunca había hecho una exposición.
Su relación con las fotos se remonta a aquellos tiempos cuando dicen que amarraban a los perros con longaniza. Lleva en sus venas la sangre de Ramón Vallejo, uno de los fotógrafos más reconocidos de ese Colima que los señores que se dicen cronistas llaman elegantemente El Colima de Ayer.
Goyo convivió con su abuelo, jugó entre placas fotográficas, se enteró de las vidas de muchas familias a través de negativos y les inventó historias sobre papelitos de color sepia.
A lo mejor desde ahí, por curiosidad, Goyo eligió el tema más importante en su lista de rarezas: su carrera. Cuando alguien le pregunta “Oiga joven, ¿cuál es su profesión?”, su respuesta, "sociólogo", siempre hace que uno se pregunte: “bueno, pero ya en serio, ¿en qué trabaja?”
No se dejen engañar por la apariencia, los buenos modales y la sonrisa de este señor aquí presente. Goyo oculta tras esos bigotes una personalidad maquiavélica, más perversa que la de cualquier enajenado político de este Colima actual; es dueño de ideas peligrosas y trabaja con singular desparpajo sus proyectos de vida.
Goyo planeó al invitarme a esta presentación una manera de humillar a quien sabe poco de tomar fotos pero mucho de hacer las cosas con el corazón. Después de catorce intentos de mostrarme las fotografías, ocho invitaciones despreciadas para tomarnos unas chelas y treinta y cuatro llamadas telefónicas que no contesté, Goyo se apersonó en mi casa y a la vieja usanza judicial se coló como la humedad cuando abrí la puerta.
Después de los clásicos saludos de año nuevo, preguntas sobre la familia y demás interesantes temas que se nos ocurren cuando no sabemos de qué platicar con alguien, Goyo me soltó su premisa:
- "No pos ¿sabes qué?, quiero que hagas una presentación para mi exposición fotográfica. Yo no quiero enseñar mis fotos pero ya conoces a Víctor Manuel, él insiste en que ya debo hacer una…"
Al más puro estilo foxiano le rebatí:
-“¿Y yo por qué?”
Su respuesta seguramente había sido estudiada, valorada y estructurada desde el día en que nació: “Es que, inche Tapiro… te admiro…”. Me quedé frío, el ego triunfaba sobre la razón y aún así, mientras trataba de no escucharlo pensaba: “¿Qué se cree este tipo?, además de trabajar en Cultura, en la revista Tierra Adentro, publicar en el Ecos, hacer análisis como sociólogo y grafittólogo, ahora resulta que quiere tomar fotos… ¡Chale!”
La verdad es que tenía cosas más importantes qué hacer: La humanidad dependía de mis sesudas investigaciones para saber de qué color son los volcanes o descubrir cómo fue que se le ocurrió a Don Torres Quintero la mafufada de bautizarlos como colosos de granito, pero aún así acepté el compromiso de presentarlo.
Con unas chelas a manera de soborno, Goyo me fue mostrando sus fotografías. La primera impresión que me causaron fue sorpresa. Lo admito: una incómoda y envidiosa sorpresa. Las imágenes hablaron con una candidez que tenía tiempo sin ver.
Goyo les podrá contar la historia oculta que tiene cada una de sus fotos, esas emociones encerradas que son parte de una historia de vida. Después de revisar el material y decirle con la peor pose de experto que me parecía buena su chamba me pregunté cómo puede él sobrevivir en el frío mundo de la sociología.
No tengo capacidad para calificar trabajos de investigación, pero los muy léidos comprenden que dentro del trabajo científico los investigadores deben mantenerse al margen de las situaciones, los sujetos, los objetos de estudio; esta ridícula, aburrida e incómoda asepsia asegura que los resultados de las ciencias sociales no se contaminen con calor humano.
Goyo no aplica esta higiene en sus fotos -es más bien medio cochinón- y estoy seguro que muchas de las reacciones en sus retratados fueron provocadas por un gesto, una frase o una mirada. No le quito méritos, tampoco creo que haya ido a hacerle cosquillas a los niños para que sonrieran.
Es obvio, en las fotos está incluido el fotógrafo, la sonrisa, la pregunta, la perplejidad, la complicidad de Goyo con sus personajes.
Por eso no estoy aquí, no soportaría ver la cara de satisfacción de mi amigo cuando se dé cuenta de que quien admira su trabajo soy yo; sí, me ganó, se salió con la suya, ésta es la inconfesable confesión de un ardido fotógrafo de volcanes.
Sé que Dhylva e Iván (sus principales impulsores), los asistentes a este evento y los amigos en común me darán la razón: Goyo, a pesar de malo y raro, sabe hacer cosas con dedicación y amor.
Esta es la maldad de Gregorio Iván Preciado: como fotógrafo se involucra, asume la personalidad de un niño curioso, un cómplice de travesuras y un fisgón colimote. ¿Quién puede resistirse a sonreírle al señor chaparrito que se baja apresuradamente de su carro para fotografiarte? Y peor aún, ¿cómo sabemos si los aquí presentes formamos parte de algún experimento de esta mente perversa?
La respuesta la encontraremos cuando una fotografía nos cause alguna emoción particular, en ese momento hay que voltear a ver a Goyo: seguramente esquivará la mirada pero no podrá ocultar una misteriosa sonrisita debajo de sus bigotes.
Muchas gracias (al sociofotógrafo).

26 de abril de 2010

Cascaritas callejeras

Hace como treinta años, Colima todavía era la ciudad de las puertas permanentemente abiertas, de los ríos caudalosos que nos permitían en nuestra inconsciencia ecológica ir a masacrar chopas con la agresiva certeza que nos proporcionaban las fisgas.
Era un Colima donde las distancias para llegar a ningún lado se hallaban tan cortas que los automóviles constituían apenas un estorbo esporádico para el componente básico de nuestra diversión infantil: las cascaritas callejeras.
Porque en aquella época, nuestro entretenimiento tenía como única frontera la que suministraba la imaginación colectiva, pues lo que no se le ocurría a uno, se le ocurría a otro. Pasatiempos que podrían transcurrir desde la organización de un enfrentamiento boxístico entre vecinos rivales, que ajustaban cuentas por ciertos agravios prodigiosos, hasta animarnos a correr riesgos por andar escalando azoteas para poder espiar a las vecinas que se bañaban en puros calzones. Mis amigos del barrio, fueron entonces los cómplices perfectos para el desatino hedonista al que nos inducían aquellas horas de ocio, que lentamente y con sosiego iban transcurriendo.
Los nuestros. A los diez años presencié mi primer partido de futbol profesional. Fue en el estadio Jalisco y ese día el Guadalajara enfrentó al Atlante. La emoción no me dio reposo, de hecho me siguió acosando después, durante todo el trayecto de regreso a Colima.
Recordaba –y aún recuerdo- la salida de los jugadores a la cancha, el verdor esplendoroso de ésta, las luces que exorcizaban del campo de futbol a la oscuridad de la noche, los alaridos inverosímiles de los asistentes, las banderas lanzadas al viento, los jugadores cumpliendo con parte del ritual al saludar a todos y a nadie en las tribunas. Pero el verdadero hallazgo fue confirmar que los héroes sí existían y que estos eran de carne y hueso.
Mucho tiempo después Juan Villoro dio cuenta con claridad del sentimiento que en ese momento me invadió: “Cuando los héroes numerados saltan a la cancha, lo que está en juego ya no es un deporte. Alineados en el círculo central, los elegidos saludan a su gente. Sólo entonces se comprende la fascinación atávica del futbol. Son los nuestros”. Y desde entonces, como lo señala el antropólogo Andrés Fábregas, me convertí en un Chiva hermano.

20 de abril de 2010

Futbol e involución

El escritor Juan Villoro recuerda en alguna parte de su libro Dios es redondo (Ed. Planeta, México, 2006) que para Juan José Arreola el futbol era menos intelectual que el tenis o el ping-pong, particularmente porque aquél «carecía de la intermediación de la raqueta". Los movimientos del futbol -afirmaba el escritor-«ocurren en bruto, sin pasar por un instrumento civilizatorio, además prescinde de las manos, fundamento de la cultura… las raquetas confirman el ingenio de una especie industriosa, capaz de aprovechar tripas de gatos…». Para Arreola, la práctica del soccer era un regreso a la edad temprana del hombre sin utensilios.
Futbol versus intelecto. Según el periodista argentino Hernán Brienza, no obstante que se considera que fue Jorge Luis Borges quien inició las hostilidades y provocó la mala relación entre futbol y literatura, cuando declaró en una entrevista que «el futbol era una cosa estúpida de ingleses… un deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos»; en realidad, esta mala relación se remonta hasta el siglo XIX, y más concretamente al año de 1890 cuando el escritor británico Rudyard Kipling manifestó su desprecio por ese deporte «y a las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan». Desde entonces y hasta la fecha, los desencuentros sobre este tema han sido una constante.
Y salieron del clóset. En este sentido, Eduardo Galeano ha señalado que «el mundo intelectual siempre ha adoptado una actitud despectiva y arrogante con el fútbol y todo lo que este deporte desata como pasión colectiva. Este juego ha sido condenado por intelectuales de derecha e izquierda. En la derecha, porque, dicen, es la prueba de que el pueblo piensa con los pies; y en la izquierda, porque creen que el fútbol tiene la culpa de que la gente no piense. Por suerte, en estos últimos años la actitud ha cambiado. Tenían vergüenza de su pasión y ahora ya la muestran y hablan de ella». En efecto, sobre todo desde mediados del siglo pasado las cosas empezaron a cambiar: escritores europeos e integrantes del llamado boom de la literatura latinoamericana salieron del clóset acercando su escritura al mundo del futbol o manifestando abiertamente su gusto por este deporte. Aunque inverosímil, vale la pena consignar la siguiente anécdota: según eso, tras haber presenciado un partido entre los equipos colombianos Junior y Millonarios, Gabriel García Márquez declaró lo siguiente: «No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago públicamente a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo, ahora, es convertir a alguien»
Sociología del pase filtrado. Aunque es verdad que el futbol ha ido ganando más y más adeptos en todo el mundo, también es cierto que sus detractores no han desaparecido. Uno de ellos es el sociólogo Juan José Sebreli, quien en su libro Futbol y masas afirma lo siguiente: «el acto de patear una pelota es ya de por sí esencialmente agresivo y crea un sentimiento de poder, amén de que la picardía de vencer al adversario basada en la trampa, la mentira, el disimulo, la zancadilla, tan alabada por todos los apologistas del futbol como una forma de inteligencia natural y espontánea, no es sino una característica de la personalidad autoritaria»
¡Diego, que Dios te lo pague! ¡Qué ansiedad, Dios mío! ¡Los nervios de punta y un cosquilleo en la planta de los pies. Un nudo en el estómago… Y lo de Diego… ¡Qué cosas hace todavía con la pelota! ¡Cómo pesa su presencia ahí donde otros hacen nada más que lo grosero! Diego se portó como si el que estuviera en la cancha fuera su propio monumento. La llevaba atada, la escondía y la mostraba para embelesar australianos y exigir argentinos… Entonces Argentina empezó a apretar… Entre tanto, lo de Mac Allister tomaba visos de epopeya potreril: pelota que encontraba, pelota que reventaba fuerte… No bien los otros defensores advirtieron que Mac Allister se llevaba la gloria tirando cañonazos al cielo, decidieron imitarlo y ¡pum!, Vázquez, ¡pum! Ruggeri, ¡pum! Simeone... Sobre el final, cuando un pelotazo cruzado lamió el palo de Goycochea, hubo toda clase de desmayos. Pero ya estaba todo dicho y la historia no tendría más sobresaltos: Diego Armando Maradona le devolvió la sonrisa a una Argentina que ya se estaba desconociendo a sí misma… (Osvaldo Soriano. Fragmento de su crónica del partido Argentina-Australia, clasificatorio para el Mundial de 1994)

Posmodernidad

Soy anarquista, soy neonazista, soy un esquinjed y soy ecologista. Soy peronista, soy terrorista, capitalista y también soy pacifista… Y en las tocadas la neta es el eslam pero en mi casa sí le meto al tropical… Me gusta el jevimetal, me gusta el jarcor, me gusta Patric Miler y también me gusta el gronch. Me gusta la Maldita, me gusta la Lupita y escucho a los Magnetos cuando está mi noviecita. Me gusta andar de negro con los labios pintados, pero guapo en la oficina siempre ando bien trajeado. Me gusta aventar piedras, me gusta recogerlas, me gusta pintar bardas y después ir a lavarlas. [El Borrego, Café Tacvba]

15 de abril de 2010

Mobbing o acoso sicológico en el trabajo

En la década de los sesenta del siglo pasado, el etólogo Conrad Lorenz observó que en algunas especies animales los más débiles del grupo se aliaban para atacar al más fuerte con el único propósito de someterlo por considerarlo peligroso. Tal vez sin proponérselo, con sus investigaciones Lorenz sentaba las bases de lo que veinte años después habría de conocerse como el fenómeno del mobbing o acoso psicológico en el trabajo. Efectivamente, a mediados de la pasada década de los ochenta, otro investigador, el alemán Heinz Leyman, mientras estudiaba varias organizaciones empresariales, se encontró con algunas situaciones que le llamaron poderosamente la atención. Leyman pudo observar que en determinados centros de trabajo una persona o un grupo de personas, sistemática y recurrentemente, aplicaban violencia psicológica sobre otros individuos con la finalidad de destruir sus redes de comunicación, su reputación o perturbar el ejercicio de sus labores, provocando que sus víctimas terminaran abandonando el empleo. A este fenómeno se le ha conocido desde entonces como mobbing. El mobbing es un tipo de violencia que inicia con ciertos rasgos simbólicos, pero que invariablemente termina expresándose en formas muy concretas, pues incluso logra producir importantes trastornos físicos y psíquicos en las víctimas, obligándola en muchos de los casos a recibir asistencia médica y psicológica. Así, nos encontramos ante un tipo de agresión extremadamente sutil como perversa, ya que se trata de un comportamiento premeditado, que se ejecuta según una estrategia minuciosamente preconcebida cuyo objetivo es anular a la víctima. En el mejor de los casos, se trata de una cacería ya que la persona objeto de acoso “pierde su autoestima, ve mermadas sus capacidades profesionales, sus relaciones personales en el entorno laboral y se autodestruye moralmente”. Máquinas demoledoras. Los acosadores ponen en marcha su maquinaria destructora porque sienten celos o tienen envidia no tanto por los bienes materiales de la víctima, como por sus cualidades personales: inteligencia, personalidad, profesionalismo, ecuanimidad, etcétera. El acoso laboral se manifiesta sobre todo cuando se incorporan a los centros de trabajo nuevos empleados –más aún si estos son jóvenes y preparados-, pues constituyen una amenaza real para las aspiraciones del acosador y a veces hasta para su permanencia en la organización. Perfiles. Las víctimas suelen ser personas con un elevado nivel ético, son honradas, autónomas, destacan por su iniciativa, poseen una alta capacitación profesional y suelen ser populares entre sus compañeros. Los acosadores, por su parte, tienen una personalidad que destaca por tener alterado el sentido de la norma moral, son agresivos, cobardes, mentirosos, compulsivos, profesionalmente son mediocres y suelen tener complejo de inferioridad. ¿Conoces a alguien así en tu trabajo?

Sistema sonoro armónico

¿Sabía usted que tampoco desde el punto de vista de la física del sonido se puede resolver satisfactoriamente el sistema sonoro armónico? Pero, ¿a qué se debe esto?
Según el sociólogo alemán Max Weber, lo que sucede "es que la estructura moderna de éste es la escala de do mayor, por lo que en la afinación justa ésta comprende a partir de los siete tonos de la octava, hacia arriba y hacia abajo, 5 quintas justas, otras tantas cuartas, 3 sextas mayores y 2 menores y 2 séptimas mayores de tonos de su escala propia, y en cambio —debido a la diversidad de los pasos de tono entero-, dos clases de séptimas menores (3 de 9/16 y 2 de 5/9) que difieren entre sí en la coma (80/81). Pero ante todo a partir de ahí, tiene en el marco de los tonos diatónicos, una quinta y una tercera menor hacia arriba, en cada caso, y una cuarta y una sexta mayor hacia abajo, las cuales difieren frente a los intervalos justos en la misma coma y dan, para la quinta re-la (27/40), una proporción que, dada la sensibilidad de la quinta con respecto a todas las desviaciones, permite que suene algo".
Lo antes dicho se expresaría gráficamente de la siguiente manera:

Más claro ni el agua...

Ex Votos

1. “Le quiero agradecer a Santa Rita y a San Pedro Martir que me consedieron el grandisimo milagro de estando yo con otro hombre no se percato mi marido y paso sin dar consinecia ni razon”. (Anónimo, 1937). Los exvotos, como sabemos, constituyen una constancia agradecida de gente que ha recibido un milagro. Sin embargo, cabe señalar que a través de los exvotos las personas no sólo expresan un agradecimiento que fortalece su fe y sus sentimientos religiosos, sino que también son vehículos a través de los cuales se hacen ostensibles rasgos específicos de nuestra cultura e idiosincrasia, tal y como lo señala la historiadora Juana Sarmiento.

2. “Doy infinita gracias ala birgencita de Guadalupe por mandarle ami papa Jose que al estar jugando conmigo futbol se cayo pegandose en la cabeza quedando como muerto y biendo tal desgracia pedi por su vida y hoy lla esta bien y juntos te traemos este milagro por tal dicha”. (Anónimo, 1940). Según los curadores Elin Luque Agraz y Michele Beltrán, mientras elaboraban el catálogo de pintura novohispana guadalupana en el museo de la Basílica de Guadalupe, se encontraron con una galería cuyos muros y techos estaban tapizados con cientos de exvotos. No obstante lo anterior y que desde principios del siglo XX algunos artistas mexicanos mostraron interés por este género pictórico producto de la religiosidad popular, en nuestros días los exvotos han sido poco investigados. La razón de esto quizá estriba en que, en cuanto expresión plástica, suelen ser considerado como arte menor, puesto que lo que destaca en ellos es la ingenuidad con la que son trazadas sus imágenes, muchas de ellas carentes de toda proporción y siempre acompañadas por un texto explicativo.

3. “Gracias le doy al Santo Niño de Atocha por aberme otorgado la puntería para matar a ese ijo de la chingada de Filemón”. (Remigio Ibarra, Guanajuato, 1936) Los mexicanos, no me queda duda, practicamos una cultura del agradecimiento que, como dice la propia Sarmiento, es ancestral y se encuentra vinculada directamente con nuestra religiosidad, porque seremos capaces de aguantar que se nos acuse de corruptos, rateros o desvergonzados, pero que nadie se atreva a insinuar siquiera que somos unos malagradecidos, porque entonces ese insolente –y además pendejo- no vive para contarla.

4. “Mi compadrito Pedro Crisanto Carrasco enojado por que yo visitaba mucho a mi comadrita Chona intento matarme arrastrandome por el camino pero yo tengo el cuero duro y gracias a eso y al Santo Niño de Atocha pude salir con bien y ahora tengo mas cuidado”. (Juan Magaña Arrozamena, 1945). “¿Cómo se dice, Giancarlo?”, escuché que le decía un señor a su hijo, luego de que una señora le dio una bolsita con dulces al tal Giancarlo. “Gracias, oiga”, respondió éste con una pinche vocecita de escuincle chiqueado que aún me retumba el tímpano izquierdo. “Muy bien, hijo, muy bien”, alcanzó a decir el orgulloso papá, antes de que se le salieran las lágrimas, emocionado porque volvió a ratificar lo bien que está cumpliendo con su responsabilidad, pues a leguas se nota que su hijo está bien educadito.

5. “Purisima Concepción bengo a dar gracias por consederme la dicha de salir con vida cuando un maniatico me llevo al hotel sin pensar en sus intenciones al negarme me apuñalo por todo el cuerpo pensando que estaba muerta salio corriendo. Ya sanaron las heridas. Protejeme en esta vida de puta”. (Anónimo, 1970). Con todo, es bueno ser agradecido, pues como aseveran las abuelitas: “No hay nada peor que una persona ingrata”. El asunto aquí es que debemos concebir al agradecimiento no como una forma de pagar una deuda adquirida con la persona que nos hizo un favor o nos otorgo algún bien, sino reconociéndole su generosidad. Es decir, se agradece el comportamiento que tiene el otro con nosotros y no el beneficio obtenido. Porque detrás de una genuina actitud desprendida, siempre estará presente el desinterés. Lo contrario implicará necesariamente el surgimiento de lealtades de sumisión, y éstas en nuestro país tienen un rostro conocido: el corporativismo y el control político.

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