29 de julio de 2010

Mundo virtual

Antonhy Giddens nos informa que aunque nos resulte difícil de imaginar, todavía a finales de la pasada década de los ochenta la palabra globalización era desconocida en el lenguaje cotidiano y apenas era utilizada en algunos espacios académicos. Hoy, sin embargo, "ha pasado de ningún lugar a estar en casi todas partes", afirma el inglés en su libro Un mundo desbocado (Ed. Taurus, 2003). Actualmente, más de mil millones de dólares se manejan al día en los mercados mundiales. Se trata de dinero virtual circulando en una economía electrónica, donde cientos de miles de individuos transfieren enormes cantidades de capital de uno a otro lado del mundo con sólo oprimir el botón de un mouse. No obstante -dice Giddens-, la globalización también es política, tecnológica y cultural, y "se presenta como una serie de complejos procesos que a veces operan de manera contradictoria o antitética", que afectan al individuo en sus aspectos más íntimos y personales.

Conurbación virtual. Por su parte, el sociólogo Gilberto Giménez nos pide tener precauciones al manejar la idea de la globalización como si ese dichoso nuevo orden mundial, "cuya naturaleza es preponderantemente económica y tecnológica", fuera un sistema autorregulado que se va imponiendo y frente a él no tenemos alternativa. Interconexiones, redes y fujos son tres conceptos que resultan claves para entender la globalización, porque los tres implican un proceso de desterritorialización, en el sentido de que las relaciones sociales ya no pueden ser ubicadas en lugares, distancias y fronteras territoriales, gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación. A esto habría que sumarle la presencia de ciudades mundiales, que integran una "conurbación virtual" donde se instalan las grandes corporaciones especializadas (bancos, bufetes de abogados, negocios de publicidad, compañías de seguros) y a la vez son sede de poderosas industrias culturales. Las distancias son suprimidas o dramáticamente reducidas, el tiempo se comprime y los ritmos de vida se aceleran, modificando "la topología de la comunicación humana".

Autopista virtual.Cuando se afirma que las tecnologías de la información forman parte integral de "toda actividad humana y, por ende, de la vida cotidiana", Giménez se pregunta ¿pero de la vida cotidiana de quiénes? La globalización es un proceso desigual, "el acceso a las computadoras y al ciberespacio está condicionado cultural, racial y demográficamente, e incluso en términos de clase y género". Como se puede inferir de los siguientes datos: el 84 por ciento de los usuarios de computadoras están en Norteamérica y Europa; 69 por ciento son varones, con un promedio de ingresos familiares de 59 mil dólares; 80 por ciento de la población mundial no tiene acceso a las telecomunicaciones; hay más líneas telefónicas en Manhattan que en toda África sub-sahariana; sólo el 40 por ciento de la población tiene acceso a la electricidad. De esta manera, la autopista de la información no es sino una calle privada, cuyo uso es sumamente restringido. Giménez concluye que pese al triunfalismo globalizador, muchas sociedades seguirán viviendo en un mundo lento, mirando "a través de mediaciones comunitarias, geopolíticas y económicas definidas a escala restringida, pero no global; es decir, seguiremos mirando al mundo a través del prisma de sus estados, sus religiones, de sus diferentes culturas y sus mercados locales".