Pese a la intensa labor que las instituciones, funcionarios, artistas, intelectuales y algunos promotores realizamos con un entusiasmo digno de admiración (o siquiera de una beca o la aprobación de un proyectito), no hemos podido lograr que la gente deje de pensar que los eventos culturales sólo sirven para alimentar los delicados espíritus de personas notables y de uno que otro cadáver exquisito. Por eso, no debe extrañarnos que el éxito de un conferencista no esté fundado tanto en la genialidad de sus ideas, como en la lealtad que su círculo de amigos le haya demostrado al estar todos presentes en su disertación.
Uno quisiera que llegara el día en que los recintos donde se desarrolla alguna actividad cultural fueran una especie de Alhóndigas de Granadita cuyas puertas están a punto de caer debido a la muchedumbre frenética que ya le anda por entrar a escuchar la conferencia del día. el que se guía por la certidumbre del sentido común, la profundidad de las apariencias, la trascendencia de lo superfluo y la complejidad de lo cotidiano
8 de enero de 2009
Muchedumbres virtuosas
Pese a la intensa labor que las instituciones, funcionarios, artistas, intelectuales y algunos promotores realizamos con un entusiasmo digno de admiración (o siquiera de una beca o la aprobación de un proyectito), no hemos podido lograr que la gente deje de pensar que los eventos culturales sólo sirven para alimentar los delicados espíritus de personas notables y de uno que otro cadáver exquisito. Por eso, no debe extrañarnos que el éxito de un conferencista no esté fundado tanto en la genialidad de sus ideas, como en la lealtad que su círculo de amigos le haya demostrado al estar todos presentes en su disertación.
Uno quisiera que llegara el día en que los recintos donde se desarrolla alguna actividad cultural fueran una especie de Alhóndigas de Granadita cuyas puertas están a punto de caer debido a la muchedumbre frenética que ya le anda por entrar a escuchar la conferencia del día.
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